domingo, 21 de octubre de 2007

d. Conservación de la imagen urbana

Además de las consideraciones de los capítulos anteriores, que de por sí son suficiente motivo para justificar su mejora y conservación, la imagen urbana debe conservarse porque es importante para mantener el carácter de una zona o ciudad, ya que de esta manera se conservan los edificios que son testimonio de una época y que son atractivos para el viajero y el poblador con sensibilidad histórica y artística.

Debemos conservarla además porque parte importante de nuestras raíces se encuentra inmersa en la arquitectura que nos legaron nuestros antepasados, y porque esto es lo que aprecian los visitantes, que suelen estar acostumbrados a apreciar los valores artísticos de los lugares a los que viajan, porque a los turistas no les interesa en lo más mínimo ver “arquitectura contemporánea” si esta es de dudosa calidad, y peor aún fuera de contexto, porque están acostumbrados a un orden contextual bastante definido y porque en sus ciudades encuentran muestras modélicas de arquitectura moderna de alta calidad y realizada muchas veces por arquitectos de renombre

e. Deterioro de la Imagen Urbana

La imagen urbana se altera y deteriora con los cambios en el uso del suelo, la transformación y alteración de las edificaciones generados por la comercialización y especulación del suelo, así por la concentración de vehículos, con la contaminación resultante, y con la falta de mantenimiento preventivo y la excesiva señalización comercial.
Específicamente, los factores que hacen que la imagen urbana de Trujillo se vea tan deteriorada son:


La alteración del perfil urbano que es uno de los principales factores que llevan al desorden visual y a la pérdida de la imagen tradicional del centro histórico. Por lo general está ligado íntimamente a la destrucción del patrimonio monumental y a la inserción de obras nuevas y de escaso valor contextual.
La contaminación visual producida por el agresivo avisaje comercial, producto de la arraigada costumbre de creer que la publicidad es más efectiva si es más grande, colorida y escandalosa
La presencia de edificaciones deterioradas, en mal estado y a veces representando peligro público, que incide negativamente en la imagen de la ciudad, mostrándola sucia y desprotegida. Igualmente, las pistas y veredas en mal estado, rotas y llenas de parches, y que constituyen un peligro para los transeúntes.
El desorden vehicular causado por la sobresaturación del parque automotor, originado por el desempleo y la ineficacia de las autoridades pertinentes que no hacen valer su autoridad y no muestran la suficiente capacidad técnica para elaborar propuestas viales factibles y adecuadas.
La contaminación acústica causada por los taxistas y sus bocinas, y que constituye uno de los principales y más desagradables factores que alteran la imagen de la ciudad. Si tan solamente se hiciera cumplir la legislación respectiva, disminuirían drásticamente los ruidos producidos por los bocinazos.
Las dinámicas comerciales informales, como el comercio ambulatorio y la mendicidad, que están presentes en mayor o menor grado en la mayoría de centros poblados y ciudades.
La inseguridad ciudadana y el temor de la población a ser víctima de un asalto o un secuestro, lamentable situación generalizada en el país y presente tanto en la zona monumental como en el resto de la ciudad.

2.1.4 La riqueza cultural de Trujillo

La historia cultural de Trujillo empieza hace aproximadamente 11, 000 años como evolución y desarrollo de importantes procesos culturales originados en la ocupación inicial del territorio por cazadores y recolectores, en el período denominado paijanense, y generó una respuesta creativa de patrones singulares y genuinos a través de diferentes formaciones sociales que se constituyeron como capitales sociopolíticas que dominaron una amplia región e influyeron marcadamente en el territorio andino del norte y centro del país. Después de los primeros asentamientos del hombre paijanense hacia el año 9,000 a.C., los sitios pre-cerámicos de Alto Salaverry hacia el 2,000 a.C.y las primeras formaciones estatales teocráticas con las culturas Cupisnique, Salinar y Gallinazo, se conformaron las sociedades complejas con la cultura Moche (200-850 d.C) y la cultura Chimú (850 – 1,470 d.C), que sintetiza el proceso de desarrollo histórico y urbano de las sociedades andinas de la costa nor-peruana. Este proceso fue interrumpido por la conquista Inca, en cuyo período se desmiembra el imperio manteniéndose la administración de los pueblos del valle a cargo de un cacique local, siendo al poco tiempo esta organización transformada totalmente por la conquista española.

Es así, que gracias a la existencia de la cultura local que favoreció la presencia europea y la fundación de la ciudad de Trujillo en el siglo XVI, se desarrolló más tarde el período colonial que dio lugar a la formación de la zona central de la actual ciudad, que hoy conocemos como Centro Histórico.


Síntesis Histórica
(Tomada del Plan de Desarrollo del Centro Histórico de Trujillo)

A mediados del siglo XVI se habían establecido en la costa y sierra del Perú, una serie de nuevas ciudades ubicadas en los lugares mas favorables de la región, por la existencia de población indígena, su buen abastecimiento de agua y productos alimenticios, su cercanía a asientos mineros, o ante la conveniencia del sitio por razones militares o de comunicación con otras ciudades. Para el caso de Trujillo, la ciudad se funda como “ciudad de descanso y de gobierno” constituyendo un centro administrativo de acuerdo a su ubicación geográfica y atendiendo el entonces muy grave problema de no existir entre San Miguel de Tangarará (Piura) y Jauja otro punto de promoción administrativa o ciudadana en el norte del extenso territorio conquistado.


Es entonces que su fundación responde a una necesidad trascendente a diferencia de otras fundaciones. La ciudad se erigió en el valle de Moche o Santa Catalina, alejada de pantanos, de suelo arenoso, rodeada de tierras fértiles y cerca de Chan Chan, en un lugar en donde existía un pueblo de “indios” –descendientes de los Chimús- capitalizando un territorio acondicionado físico y ambientalmente por sus antecesoras culturas prehispánicas, que generó, como resultado, la continuidad de un proceso de ocupación en el valle, donde sus primeras evidencias datan de 9,000 a.C. El acondicionamiento territorial de las culturas prehispánicas, dentro de un ecosistema natural de mar, humedales, desiertos, valles, lomas y quebradas, logra la transformación del desierto en un valle cultural y cuya evolución nos señala,
posteriormente, la presencia de significativos sitios ceremoniales y centros preurbanos con el florecimiento de las culturas Moche y Chimú. En suma, es posible indicar que especialmente en lo referido a la construcción, al urbanismo y al manejo del territorio, existe una continuidad cultural desde hace 11,000 años. La ciudad fue fundada por el capitán Diego de Almagro a fines de noviembre de 1534. Siguiendo la tradición su trazo fue en damero, teniendo como eje la plaza mayor. Cada cuadra tenía tres solares que iban de calle a calle. El 5 de marzo de 1535 Francisco Pizarro confirmó la fundación e hizo repartimiento de indios entre los vecinos. Este sistema llamado también de “Encomiendas” permitió a los vecinos españoles usufructuar la mano de obra indígena en la construcción de las viviendas. La religiosidad y solvencia de los vecinos trujillanos permitió la llegada de diversas órdenes religiosas: mercedarios, franciscanos, dominicos, agustinos, jesuitas, clarisas y betlemitas, que construyeron sus iglesias y conventos, y a lo largo del siglo XVII llegaron a poseer haciendas, estancia, casas y solares, como reflejo de una época de prosperidad económica en Trujillo. Con las Ordenanzas de Reducciones del Virrey Toledo ( entre los años 1560 y 1570), se dio en el país un vasto proceso de “urbanización”, cuando los indios fueron avecindados en pueblos de patrón europeo con casas, barrios, plazas, iglesia y cabildos de naturales, surgiendo en las cercanías de Trujillo, los pueblos de Moche, Huamán, Mansiche, Huanchaco y posteriormente el pueblo de San Esteban de Mampuesto, conformándose una red de relaciones físicas y económicas entre la ciudad y su entorno, específicamente en el manejo de los recursos; y que se manifiesta no solo en la infraestructura y equipamiento (canales, caminos, áreas de almacén y aprovechamiento, etc.) sino también en el intercambio cultural de las distintas expresiones populares, vigentes hasta la actualidad. El terremoto de 1619 destruyó la ciudad en su totalidad. Su recuperación fue lenta, pues en 1639 el vecindario se quejaba de la pobreza a causa del terremoto. En el siglo XVII, Trujillo viene a ser la capital del norte del virreinato peruano. Fue sede de Cajas Reales con autoridad sobre Zaña, Piura, Cajamarca y Chachapoyas. Asimismo en 1614 llega el primer Obispo, Fr. Jerónimo de Cabrera, convirtiendo a nuestra ciudad en capital de Diócesis con jurisdicción sobre todo el norte peruano. Además Trujillo tenía los dos únicos centros de educación de enseñanza media y superior: el colegio de San Salvador de la Compañía de Jesús y el Seminario de San Carlos y San Marcelo. En 1684, frente a la amenaza de corsarios y piratas que saquearon los puestos de Guayaquil, Paita, Pisco y la ciudad de Saña, en cabildo abierto se acuerda la construcción a una muralla defensiva en torno a la ciudad. En 1687 se contrata la obra con el arquitecto italiano Joseph Formento, que inspirado en un diseño de Leonardo Da Vinci para la ciudad de Florencia, eligió la forma elíptica para ahorrar costos de su construcción. Siendo la agricultura, la base económica de la sociedad trujillana, la epidemia del trigo (1687) sume a la sociedad trujillana en una terrible crisis. Entonces los hacendados volcaron sus expectativas hacia la caña de azúcar, y los trapiches reemplazan a los molinos. La recuperación de la ciudad fue lenta y en 1724 la llegada de las carmelitas nos da un indicio de bonanza económica de la ciudad.


A mediados del siglo XVIII había en Trujillo cinco conventos de frailes : San Francisco, Santa Domingo, La Merced, Belén y La Compañía de Jesús, y dos conventos femeninos: Santa Clara y El Carmen. En 1785 se creó la Intendencia de Trujillo, demarcación política que abarcaba todo
el norte peruano, siendo Trujillo su capital. Sin embargo la decadencia de la ciudad ya había empezado, el mercado de Panamá se había perdido, y aparecieron nuevos polos de desarrollo económico como Cajamarca, Huamachuco y Lambayeque. En 1820, Trujillo protagoniza la independencia de la Intendencia de su jurisdicción, siendo el primer territorio peruano en liberarse del dominio español. Con la independencia nacional, Bolívar declara en 1826, la supresión de los conventos que tenían menos de 8 frailes. Sus claustros pasaron a cumplir funciones públicas: La Compañía, sede de la Universidad Nacional de Trujillo, San Francisco el Colegio Nacional de San Juan, La Merced como Corte Superior, San Agustín fue destinado para mercado y Santo Domingo a cárcel. Sólo los conventos femeninos se salvaron de esta secularización. Es en este contexto en que se construye el cementerio de Miraflores. La independencia trajo el libre comercio. Llegan a Trujillo comerciantes extranjeros, como Hoyle, Cox, Martin, Washburn, Albrecht, Gildemeister. Vino un nuevo florecimiento económico, siendo expresión de ello las casas de José Félix Ganoza Orbegoso en la plaza mayor (Centro Viejo) y la casa del General Manuel Iturregui (Club Central). La arquitectura de la ciudad fue marcada por el estilo neoclásico. Desde el último tercio del siglo XVIII la ciudad había empezado a crecer por dos sectores extramuros: la portada de la sierra y la portada de Mansiche. En 1872 se inició la destrucción de la muralla para dar inicio a las obras del ferrocarril y posteriormente con la ocupación militar chilena se destruyó el tramo entre Mansiche y Pedro Muñiz. Entre fines del siglo XIX y los años treinta del siglo XX, la ciudad vive un proceso de transición hacia el capitalismo y “la modernidad”, produciéndose un corte histórico en la evolución urbana de Trujillo. Hacia 1916 había desaparecido gran parte de la muralla y la ciudad había desbordado sus antiguos límites. Se produce la expansión urbana de los Barrios Chicago (ex fundo Santo Tomas de Villanueva), Miraflores (portada de Mampuesto), Pedro Muñiz. Posteriormente, se
incorporaron la Portada de Moche, la Bella Aurora, la Portada de Huamán y las Violetas.


El crecimiento de Trujillo se frenó entre 1932 y 1945, como consecuencia de la crisis económica (que determinó el cierre de las minas del interior), de la pugna y persecución políticas y de la consolidación del latifundio industrializado, alentado por las condiciones económicas generadas durante la primera guerra mundial. Iniciada la década del 30, y con motivo de la conmemoración del 400° aniversario de la fundación de la ciudad, se creó la Junta del IV Centenario de Trujillo, dotada de rentas especiales para ejecutar obras públicas, principalmente de mejoramiento urbano. Se construye el reservorio de agua de Pesqueda, las redes de abastecimiento de agua y colector de desagües, el pavimentado de las calles y se inicia la construcción de viviendas con fondos públicos. A partir de los años cuarenta se acrecienta la dinámica urbana, creándose los barrios de La Intendencia y Aranjuez. En 1948 se inicia el proceso de formación de asentamientos humanos periféricos al noreste de la ciudad: El Porvenir, La Esperanza, Florencia de Mora, sobre terrenos eriazos del estado. Hacia 1956 se empieza a planear y ejecutar urbanizaciones dotadas de obras sanitarias y pavimentación, en torno a la ciudad central. El escenario social - urbano aparece más diferenciado y se empieza a sentir el impacto del crecimiento poblacional, constituyéndose nuevos actores urbanos. Entre 1915 a 1956 la ciudad tiene 830 Ha, creciendo 600 Ha, a razón de 15 Ha/año; y entre 1956 a 1965 se incrementa en 400 Ha, a razón de 45 Ha/año, pero en l995 el Continuo Urbano de Trujillo alcanza una extensión de 5,000 Ha. Esta expansión del área urbana se efectúa simultáneamente a la adecuación de las áreas más antiguas y el centro de la ciudad a nuevas funciones a fin de atender necesidades crecientes en materia de comercio central y funciones administrativas y culturales, desplazando a la vivienda a nuevas áreas.

Como consecuencia del sismo de 1970 y de las acciones de Reforma Agraria se produce una fuerte ola migratoria del interior del departamento y de las zonas afectadas por el sismo, exhibiendo la ciudad una tasa de crecimiento anual intercensal (1961-72) del 7%. Trujillo es a la fecha, una ciudad mayor, que funciona como Capital Regional para un importante sector del norte peruano y ha adquirido las características y la estructura de una Área Metropolitana, particularmente dinámica. Es un territorio extenso y un espacio económico y social con recursos y potencialidades de importancia. Su Centro Histórico, viene sufriendo las presiones del desequilibrio que presenta su organización físico espacial, con un crecimiento monocéntrico donde se concentran las principales actividades económicas, político - administrativas y socio – culturales de la Metrópoli. Pese a todo Trujillo mantiene en pie parte de su Patrimonio Cultural y, por lo tanto, la perpetuidad de los valores histórico arquitectónico de los últimos cuatro siglos.

2.1.5. Los atractivos del Centro Histórico de Trujillo.

EL ACERVO HISTORICO PATRIMONIAL :
LOS MONUMENTOS Y LOS AMBIENTES MONUMENTALES


El Centro Histórico de Trujillo está formado por un conjunto de 66 manzanas dispuestas en forma de damero regular contenidas dentro de una elipse que sigue la forma de lo que fue la antigua muralla de tierra. y cuyo trazo fue utilizado para la construcción de una avenida, la Avenida España, que circunda la antigua ciudad. De la muralla solamente quedan los restos de algunos bastiones y uno de sus lienzos, y cuyos ámbitos urbanos están considerados como Áreas de Tratamiento Especial. La traza urbana está intacta, como lo están la Plaza Mayor y las plazoletas que se abren en los frentes de sus numerosas iglesias y monasterios. A diferencia de otras ciudades antiguas el espacio central de Trujillo no ha sido tomado por el comercio y
mantiene una atmósfera reposada y tranquila, debido a que las principales edificaciones mantienen el carácter institucional y de residencia. Su arquitectura civil domestica es depositaria de claras evidencias tipológicas con elementos representativos que abarcan desde el S. XVII hasta nuestros días, evidenciando un proceso de acondicionamiento y adaptación de la casa colonial a las nuevas funciones contemporáneas. La mayoría de edificaciones monumentales pertenecen a la tipología de arquitectura civil doméstica (95%), es decir que en su concepción original fueron usadas como residencias, conservando actualmente, en la mayoría de los casos sus características formales, espaciales y constructivas, en cuanto distribución interior, tratamiento de fachadas, galerías, corredores, etc., adaptándose a nuevas funciones contemporáneas.

El Centro Histórico contiene 15 edificaciones religiosas entre iglesias, capillas y monasterios y en los archivos del Instituto Nacional de Cultura están los registros e inventario de 253 edificios considerados por su valor como Monumentos Históricos Nacionales y 62 Ambientes Urbano Monumentales, sujetos a protección y control.

La fundación y la arquitectura del siglo XVII – XVIII
De acuerdo a las ordenanzas dictadas para la fundación de nuevas ciudades, el trazo de Trujillo, fue hecho a cordel teniendo como centro la Plaza Mayor, a partir de la cual se repartían las manzanas urbanas dentro de un modelo reticular, basado en la forma de damero. Cada manzana estaba formada por calles rectas y divididas en tres solares longitudinales (por lo menos las perimetrales a la plaza), que individualmente cubrían un área de 4,000 a 5,000m2. El servicio urbano de agua se estableció en un centro de reparto llamado desde el comienzo “El Estanque” o “Caja” desde la cual salían tres acequias regadoras que alimentaban a la población.
Sin duda existió la influencia de la arquitectura prehispánica en la posterior arquitectura del Virreinato, en términos de una “mixtura” de aportes prehispánicos y europeos, pero sin llegar a trasformar la estructura básica, esencia y naturaleza de esta última. Características en el planteamiento y distribución de las edificaciones, decoraciones de las superficies, tecnologías constructivas con un adecuado manejo de la caña y el barro, el trazo inciso de los diseños sobre enlucidos húmedos (como paso previo a la aplicación de la policromía), así como las características rurales en la posterior arquitectura doméstica, representan algunos de los aportes prehispánicos.
Las casas de los primeros vecinos se construyeron de piedra, reservándose principalmente tal material para las portadas, imponiéndose, ante la escasez de la piedra, el barro y el ladrillo como materiales predominantes en paredes y techos. La extensión y amplitud de los solares, permitió una arquitectura temprana de muchos espacios, incluyendo huertos, jardines, patios circundados con arquerías y caballerizas en la parte posterior. Para las vigas se usaba el mangle o “madera de guayaquil”, mientras que el algarrobo fue utilizado para umbrales, puertas, ventanas y balaustres. El inicial desconocimiento del clima, originó que los techos de las casas se construyeron planos y como tal no soportaron las lluvias de El Niño de 1578, considerado como el primer desastre natural que vivieron los españoles en el norte peruano, y demostrando, según el cronista Reginaldo de Lizárraga, que la arquitectura trujillana no estaba preparada para tal calamidad. Se presume que en la construcción de estas nuevas viviendas se incorporó algunos otros elementos a la arquitectura trujillana, como “balcones saledizos y corridos”, casas sobreelevadas, techos inclinados, entre otros. El sistema constructivo propio constituyó entonces, una respuesta adecuada a las condiciones del medio, que se sustenta
fundamentalmente en el conocimiento del sitio, el manejo de los materiales, las técnicas constructivas y el aprovechamiento de la experiencia indígena prehispánica, adaptándose a los nuevos modelos arquitectónicos y manteniendo una continuidad cultural sostenida.
La preeminencia de la Iglesia se reflejó no sólo en el orden espiritual, sino también en el intelectual y material, traducida en la superior envergadura de la arquitectura religiosa, donde el templo, considerado como la tipología arquitectónica de mayor jerarquía del Virreinato, se mantiene hasta la fecha. Los conjuntos arquitectónicos religiosos se encontraban dentro de la ciudad, ocupando en la mayoría de los casos una manzana entera o en otros áreas mayores, como el caso del Convento Santa Clara La Real. El templo o iglesia, significaba la parte más importante del conjunto, sirviendo de “eslabón” entre el convento y el culto público
(la ciudad). Las plantas de los conventos eran bastantes regulares, estando formados por patios de arquerías o claustros en torno a los que se disponen las salas o habitaciones. Los elementos en los que con mayor fuerza se manifestó la influencia del barroco, estuvieron en el interior del templo: en los retablos, púlpitos y altares, siendo una de las características específicamente trujillana la sobria dignidad exterior y una magnífica amplitud y fastuosidad en el interior.
Tal como lo cita Wethey H., (1949) 10 Harold Wetley, Colonial Architecture and Sculpture in Perú, 1949., lo mejor de Trujillo se halla en sus retablos y en su arquitectura doméstica, considerándose a Trujillo como uno de los centros rectores en la producción de retablos (siglos XVII y XVIII), donde el neoclásico produjo pocas transformaciones, a diferencia de Lima. La obra maestra de la escuela trujillana es el altar de La Catedral, el cual se alza exento, como una cortina al extremo de una perspectiva, en dos pisos con arcos abiertos, con las estatuas silueteadas contra la luz del día del fondo. Otras expresiones del barroco son las portadas de La Iglesia de El Carmen, la Iglesia de Huamán, La Casa Aranda.

El necesario uso del color y la importante presencia de pintura mural, tanto en el exterior como interior, representa una de las características significativas de la arquitectura trujillana, describiendo en la superposición de los estratos murales las diferentes influencias estilísticas, así como el continuo proceso de ocupación y uso de las edificaciones. Trazos en lacería mudéjar, portadas policromadas y pinturas alegóricas en muros y arcos, podrían constituir algunas muestras representativas. (Casa Aranda, Casa Ganoza Chopitea, Garci Holguin, Casa Airaldi ).

La Muralla (1687)
La muralla que circundó la ciudad significó un hito importante que fijó los límites de su expansión y sus portadas marcaron los ejes más importantes del crecimiento de la ciudad. De carácter defensiva y traza renacentista, alcanzó un perímetro de 5.5. kilómetros y se componía de 15 baluartes, 15 cortinas y 5 portadas. La portada de Huamán orientada hacia el Oeste se abría hacia el camino al pueblo de indios del mismo nombre; la portada de Mansiche era el acceso de las personas que venían desde el norte por el camino real; la portada de Miraflores se abría hacia el norte con dirección al barrio de San Esteban; la portada de la Sierra, llamada así por el camino que conducía hacia esa región y, la portada de Moche era el acceso de las
personas que venían desde el sur. De la muralla sólo quedan los restos de algunos bastiones y uno de sus lienzos, y cuyos ámbitos urbanos están considerados como Áreas de Tratamiento Especial.

La Casa Trujillana del XIX
Durante el siglo XIX, coexistió al lado de lo nuevo (moderno) una tendencia bastante marcada a la permanencia de la herencia colonial, que se refleja principalmente en la arquitectura de la casa, con la supervivencia de algunos tipos arquitectónicos característicos del Virreinato y en la mayoría de los métodos constructivos. Un considerable número de casas son realmente casas coloniales refaccionadas, acondicionadas o ampliadas; en las que los elementos arquitectónicos como balcones, puertas, ventanas, galerías y rejas son republicanos, colocados sobre muros y techos de origen colonial. Desde su fundación, la ciudad constituyó una propuesta de “ciudad plana” de un solo piso, como respuesta a la eventualidad de las fuerzas destructivas de los sismos. Aún así en el siglo XIX existe una marcada tendencia por la ampliación de la casa, con la construcción de un segundo nivel en las crujías de fachadas o sobre las principales habitaciones al interior de la casa, empleando la ligera quincha nativa por sus características de elasticidad frente a los sismos. Bajo los principios de conservación, tradición y continuidad se generaliza un estilo más austero, más académico: el neoclásico, simplificando la composición de las fachadas externas e internas, por el gusto clásico imperante. Así, puede encontrarse en Trujillo, ejemplos de adaptación de la decoración clasicista del período 1820-1870, al tipo colonial de la casa. Algunos testimonios de patios republicanos se encuentra en la Casa Urquiaga Calonge, Casa de la Emancipación, Palacio Iturregui.

Investigaciones realizadas consideran que durante el segundo tercio del siglo XIX, se realizan importantes innovaciones en cuanto la distribución y estética de la casa republicana. En cuanto a la distribución surge íntegramente el segundo patio en cuyo centro generalmente se coloca una pila de agua rodeada de pequeños jardines, y hacia el fondo, frente a la “cuadra”, aparece el comedor, que servirá de intermedio entre el segundo patio y el jardín huerta. El oratorio es más reducido y cambia de lugar, ubicándose al lado derecho del salón principal (desde el cual se accede con importante portada) Casa Urquiaga o Madalengoitia. Así también el primer patio o principal se reduce al construirse habitaciones en el lado libre que antes existía por la zona del callejón de servicio, estableciéndose el corredor en forma de “U” y pasando el corredor de servicio a un nivel sobreelevado. En la fachada, las portadas se reconstruyen con columnas o pilastras, se amplía las dimensiones de la puerta y ventanas, así como se cambia la ubicación de estas últimas. Elemento característico de esta época es la colocación de rejas de hierro forjado con notables expresiones en el manejo de la forma y composición, formando parte de la fachada. Los balcones de cajón con celosías dan paso a nuevos balcones con panflones y vidrios, abriéndose cada vez hacia el exterior, surgiendo posteriormente los balcones de antepecho. En el último tercio del siglo XIX, las fachadas se cubren con zócalos y ornamentación de madera aún en las portadas, y se pintan escenas y paisajes europeos enmarcados en los muros de patios, corredores y zaguanes.


El siglo XXLa muralla empieza a destruirse parcialmente, a partir de 1872, cuando se dio paso a la primera línea férrea a través de la destrucción de la Portada de la Sierra. A partir de entonces la necesidad de expansión física, crecimiento de la migración e intereses económicos originaron que hacia 1940 el antiguo límite de la ciudad fuera demolido casi en su integridad para abrir paso al “progreso”, y la ciudad había desbordado ya sus antiguos límites. El período de 1920 y 1945 significó en la construcción, la generalización del concreto armado, que asociado con el ladrillo, se convirtió en el material básico de la arquitectura y donde tuvieron un papel relevante las compañías norteamericanas. Se vinculan a este período obras concebidas dentro de las tendencias del neocolonial, donde se tomaron motivos tomados de la arquitectura colonial en lugar de las formas clásicas de aquel entonces. Son claros ejemplos de ésta época la construcción del Palacio Arzobispal, la Beneficencia Pública de Trujillo, entre otros. Estas corrientes historicistas comenzaron a perder fuerza después de 1945, mientras que paralela y gradualmente se afirmada lo moderno. (García Bryce, 1980)


Fuente: Plan de Desarrollo del Centro Histórico de Trujillo

2.1.6. La problemática del Centro Histórico de Trujillo

ESTADO DE CONSERVACIÓN
En promedio la edificación antigua de Trujillo muestra un estado de conservación superior al de otras ciudades de traza colonial en el Perú. La edificación en adobe, ladrillos de barro sin cocer, presenta el natural desgaste proveniente de su edad y de su uso a través de los siglos. Es también visible la calidad y la fortaleza de este tipo de edificación que ha podido mantenerse, activa y útil, en su prolongada vida y resistir la fuerza de los eventos sísmicos que eventualmente asolan la región. Tal condición se aprecia en los grandes edificios públicos o semipúblicos como iglesias y conventos, en las grandes casonas típicas de su traza y en la arquitectura llana que las acompaña.

En el inventario y registro que se viene actualizando en coordinación con el Instituto Nacional de Cultura de La Libertad aparece el estado de conservación de los inmuebles de valor del Centro Histórico de la ciudad.

Sin embargo, conviene comentar sobre el estado general de la edificación y de los espacios públicos del precinto histórico. El análisis puntual sobre el estado de conservación de los edificios históricos, realizado a través de la evaluación técnica “in situ”, en estrecha relación con el estado de deterioro de sus componentes arquitectónicos y estructurales, nos demuestra que casi el 49% de los inmuebles presentan altos porcentajes de deterioro, principalmente en las cubiertas. Para definir las categorías de estado de conservación, se han asumido rangos de medición en base al porcentaje de deterioro registrado en sus principales componentes. Así del 0 a 15% de deterioro se considera Bueno, del 15 a 30% Regular, del 30 a 50% Malo y porcentajes de deterioro mayor al 50% se encuentran en la categoría de Ruinoso. Los resultados obtenidos nos indican que el 43.59 % de edificios históricos se encuentran en mal estado de conservación, el 33.33 % en regular, el 17.85% en bueno y en estado ruinoso el 5.13%. En suma, es posible indicar que existe un 48.72 % de edificaciones históricas que requieren intervención inmediata y preventiva.
Es preciso indicar también que existen claras evidencias de inserción contemporánea de carácter permanente, y que predominantemente se ubican en las áreas no techadas, tales como patios, huertas, corredores, etc. En una aproximación general, el 56.4% de unidades evaluadas registran construcciones nuevas con un área promedio de 50 a 100m2, ocupando casi el 7% del área del lote. En la mayoría de los casos tales inserciones son de carácter informal y que atentan no sólo la configuración espacial y arquitectónica del edificio histórico, sino
también a su estabilidad estructural y conservación en general. En conformidad con la distribución de usos de suelo del Centro Histórico, mencionado anteriormente, las edificaciones históricas dan cuenta también de una estructura mixta, donde los propietarios y/o ocupantes han mantenido tales edificaciones principalmente a usos de vivienda tanto en forma exclusiva (59%) como compuesta (41%) con usos de comercio o servicios. El análisis del estado de conservación en relación al uso, arroja resultados polarizados, por cuanto, en edificios históricos utilizados como vivienda el 41.66% se encuentran entre bueno y regular estado, mientras que el 58.34% dentro del rango malo – ruinoso. La categoría “ruinoso” solo se ha registrado en edificios históricos con uso exclusivo de vivienda y bajas condiciones de habitabilidad. Las edificaciones usadas para fines de servicio registran el mayor porcentaje en la categoría “regular” y aquellas de uso mixto: vivienda - servicio, es considerable la categoría regular– malo. Característica recurrente de los edificios históricos es la sub ocupación (54%), reflejada en el abandono de un área significativa del inmueble, principalmente la zona posterior. Consideramos que el estado de conservación, número de habitaciones, amplitud de patios, podrían ser algunas variables que determinen la falta de habitabilidad de determinadas áreas. Para el caso de edificaciones históricas con uso exclusivo de vivienda, el promedio de miembros por familia que ocupa el inmueble es de cinco personas.

Paradójicamente, el deterioro mayor de la edificación en el Centro Histórico se relaciona con el sobre uso de ciertos inmuebles, afectados por la tugurización y, principalmente, a la intrusión de edificación nueva de calidad inferior en el viejo tejido urbano, así como a la implantación de usos del suelo inconformes y perjudiciales para el mantenimiento del valioso entorno de Trujillo Central. La antigüedad promedio de las instalaciones al interior de los edificios históricos, tanto sanitarias como eléctricas es de 25 a 30 años. En cuanto al sistema de agua potable predomina el sistema directo con 53.8%, encontrándose en uso 94.9% y el 2.5% de las edificaciones no tienen conexión. Un porcentaje similar tampoco tienen conexión de desagüe. El sistema eléctrico predominante es el servicio monofásico con 97.4%, presentando características especiales en cuanto al cableado (23.1% con cableado empotrado y 74.4 % con cableado expuesto). Suponemos que la presencia de cables exteriores responde a las continuas modificaciones de uso, en las edificaciones históricas, principalmente en aquellas que acogen usos mixtos, servicios o comercio. El estado de conservación de las instalaciones sanitarias y eléctricas, al interior del edificio, se concentra en la categoría de regular. Apreciación subjetiva, en cuanto no se ha realizado un estudio exhaustivo de cada uno de los sistemas. Sin embargo es claro identificar que una de las mayores causas potenciales de deterioro de los edificios históricos es debido a fallas de los sistemas de agua y desagüe.

Tenencia y Disposición a Futuras Intervenciones
Según las encuestas realizadas, los resultados referidos al régimen de tenencia indica que el 69% de los encuestados se consideran propietarios, el 10% manifiesta su condición de inquilino formal y un 21% refiere que es ocupante de “hace muchos años” o “posesionario”. Es importante acotar, que de la relación régimen de tenencia y estado de conservación, los regímenes “propio” y “alquilada formal” presentan resultados aceptables, mientras que para los “posesionario" los porcentajes de deterioro registrados son muy altos, encontrándose en la mayoría de los casos edificaciones en estado ruinoso. La información obtenida es de fuente primaria, no habiéndose constatado con archivos o documentos legales. En cuanto a la disposición de la población a futuras intervenciones en la edificación histórica, un 73% de encuestados respondieron favorablemente, donde el mayor porcentaje son aquellos pobladores que consideran la edificación como propia.


Vulnerabilidad Física
Tomando en consideración el estado de conservación de las edificaciones históricas, sus principales componentes arquitectónicos y estructurales, así como las condiciones de habitabilidad de sus ocupantes, es posible acotar que la vulnerabilidad predominante ante sismos es alta (97.44%), ante lluvias intensas es media (87.18%) y ante incendios fluctúa entre alta (58.97%) y media (38.46%). En este sentido las vulnerabilidades ante las amenazas analizadas son preocupantes y ameritan medidas de protección y prevención. Se considera “vulnerabilidad alta” cuando más del 40% del elemento expuesto se destruye ante la ocurrencia de la amenaza analizada y “vulnerabilidad media” cuando entre el 20% y el 40% del elemento expuesto se destruye. En general, y aun en estas condiciones, es visible que el corazón de Trujillo mantiene y conserva aspectos de paisaje urbano y proporción de valor considerable como testimonio de la capacidad creativa de los pueblos que la edificaron y que la viven; sin embargo también es importante que junto a cuestiones relacionadas con la conservación física de las estructuras edificadas, se requiere de acciones urbanísticas y normas relacionadas con esa disciplina para la preservación integral del Centro Histórico.

2.1.7. Posibilidad de Recuperación de los mismos

2.1.8. Potencialidades turísticas